
Cuando te ponen los aparatos y sales del dentista piensas:
- Bffff, esto es lo peor que me puede pasar (estilísticamente hablando)
Pero ¡ay ilusa! lo que te queda...
Antes de San Juan el dentista me puso una gomilla que sujetaba tres dientes de arriba con el colmillo de abajo (y el de al lado). MAL
Me quedé un poco patidifusa porque aunque había valorado esa posibilidad porque había visto a otras personas con esas cositas puestas, lo último que se pierde es la esperanza y yo no las quería de ninguna de las maneras. Pero allí estaba la gomilla. Allí. Aquí.
Al mes siguiente la cosa empeoró y antes de feria me colocó otra al otro lado que se veía aun más. MAL AGAIN
Pero el miércoles pasado por poco me echo a llorar. ¡Aun podía ser peor! ¡y me había tocado!
El dentista (que estoy segura que me odia a muerte), me ha colocado dos gomillas que sujetan 6 dientes de arriba con 6 de abajo, con lo cual obtenemos situación turbia modo combo: me duele todo el frente, no puedo abrir la boca mas de un dedo y estoy preciosa.
Soy como Hannibal Lecter pero en princesita, que tortura, ¡que tortura!
Y es que el dentista me la tiene jurada, yo no hago mas que decirle que deje de ponerme cositas raras en la boca para que parezca una friki, y no me hace caso ¡que no estoy perdiendo mi tiempo en adelgazar y ponerme morena para que él vaya echando abajo todos mis buenos resultados!

